Capítulo VIII

79. El español, en cuya compañía había estado al principio, y le había gastado los dineros, sin se los pagar se partió para España por vía de Ruán; y estando esperando pasaje en Ruán, cayó malo. Y estando así enfermo, lo supo el peregrino por una carta suya; y viniéronle deseos de irle a visitar y ayudar; pensando también que en aquella conjunción le podría ganar para que, dejando el mundo, se entregase del todo al servicio de Dios. Y para poder conseguirlo le venía deseo de andar aquellas 28 leguas que hay de París a Ruán a pie descalzo sin comer ni beber; y haciendo oración sobre esto, se sentía muy temeroso. Al fin fue a Santo Domingo, y allí se resolvió a andar al modo dicho habiendo ya pasado aquel grande temor que sentía de tentar a Dios. Al día siguiente por la mañana en que debía partir, se levantó de madrugada, y al comenzar a vestirse le vino un temor tan grande que casi le parecía que no podía vestirse. A pesar de aquella repugnancia salió de casa, y aun de la ciudad antes que entrase el día. Con todo, el temor le duraba siempre y le siguió hasta Argenteuil, que es un pueblo distante tres leguas de París en dirección de Ruán donde se dice que se conserva la vestidura de Nuestro Señor. Pasado aquel pueblo con este apuro espiritual, subiendo a un altozano, le comenzó a dejar aquella cosa y le vino una gran consolación y esfuerzo espiritual, con tanta alegría, que empezó a gritar por aquellos campos y hablar con Dios etc. Y se albergó aquella noche con un pobre mendigo en un hospital habiendo caminado aquel día 14 leguas. Al día siguiente fue a recogerse en un pajar y al tercer día llegó a Ruán. En todo este tiempo permaneció sin comer ni beber y descalzo como había determinado. En Ruán consoló al enfermo y ayudó a ponerlo en una nave para ir a España; y le dio cartas, dirigiéndole a los compañeros que estaban en Salamanca, esto es Calixto, Cáceres y Arteaga.


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