Capítulo VIII

80. Y para no hablar más de estos su fin fue el que sigue: Mientras el peregrino estaba en París les escribía con frecuencia según el acuerdo que habían tomado, mostrándole las pocas facilidades que había para hacerles venir a estudiar en París. A pesar de esto, se ingenió para escribir a D.ª Leonor Mascarenhas que ayudase a Calixto con cartas para la corte del rey de Portugal, a fin de que pudiese tener una beca de las que el rey de Portugal daba en París. Doña Leonor dio las cartas a Calixto y una mula para el viaje, y dinero para los gastos. Calixto se fue a la corte de Portugal, pero al fin no fue a París; antes volviendo a España se fue a la India del emperador con una cierta mujer espiritual. Y después, vuelto a España, marchó otra vez a la misma India, y entonces regresó a España rico, e hizo maravillar en Salamanca a todos los que antes le habían conocido. Cáceres volvió a Segovia, que era su patria, y allí comenzó a vivir de tal modo, que parecía haberse olvidado del primer propósito. Arteaga fue hecho comendador. Después, estando ya la Compañía en Roma, le dieron un obispado de Indias. El escribió al peregrino que lo diese a uno de la Compañía, y habiéndosele respondido negativamente, se fue a la India del emperador, hecho obispo, y allí murió por un accidente extraño, esto es, que, estando él enfermo, y habiendo dos frascos de agua para refrescarse, uno del agua que el médico le prescribía, y el otro de agua de solimán venenosa, le dieron por error el segundo, que lo mató.


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